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martes, 27 de noviembre de 2012

Soy el Patriotismo Exaltado de Fulano

charro, muerte, calavera, México
Es un charro de la muerte con un águila en su brazo... por eso lo pongo.
¿Cuándo habría escrito algo sobre los símbolos patrios de no ser por ayudar a mi hermana con su tarea? ¡Probablemente nunca! Es la verdad. Pero lo hice, y como debía ser de tres cuartillas o menos (a mano), imagine que con dos páginas en Word en Times New Roman a tamaño 11 sería suficiente.

El que escribió esto fui yo, pero no es lo que siento. Se trata de una historia (aunque realmente califica más como ensayo...creo) contada por alguien de ficción. Mi hermana terminó por no usar mi escrito. Dijo que era... no muy adecuado para su secundaria de monjas. Me dijo que todas serían leídas y las mejores irían a concursar por alguna especie de premio. Ni hablar. 




Me encanta mi país. 

Cuando estoy en clase de historia y veo las grandes hazañas que nuestros grandiosos héroes nacionales realizaron, siento la plenitud de vivir en esta época.

Guerras. México es actualmente un país pro paz. Es curioso cómo después de tantas batallas libradas y que recordamos con orgullo y énfasis, evolucionamos y dijimos “No más” a esas extravagancias. Las guerras son malas. Las guerras sólo traen muerte… aunque no se lamenten tanto en la victoria. Fueron necesarias. Ahora somos prósperos.

Pero nos gusta recordar el pasado. 

Desde la revolución de 1910 que México no tiene una guerra digna de poner en los libros de historia. Aún así, tras más de 100 años seguimos recordando, con cierta ironía, que México ha visto correr sangre. Ella está en el rojo de mi bandera y mencionada cuatro veces en el himno nacional.

Sangre.

 
En las primarias los lunes son días de asamblea. Los lunes se entona el himno nacional. Un amigo me contó que hubo un concurso de himnos nacionales y el de México llegó a los primeros lugares, o tal vez ganó, no recuerdo. Porque el himno cuenta una historia. El himno tiene agallas. Nuestro himno tiene carácter.

¡No veas programas violentos!, dicen los alarmistas. ”Los programas violentos te hacen insensible”, y exagerando también han dicho que pueden volverte sádico. Pero tenemos imágenes de violencia cada lunes por la mañana. Si vives en México no puedes librarte de la sangre.

En la primaria, cuando tenía seis años, ya me hacían cantar el himno. ¡No le entendía en absoluto! Aunque hubiese puesto toda mi atención no habría comprendido la letra. Me hacían ponerme la mano derecha sobre el corazón como señal de respeto hacia un pedazo de tela a tres colores que para mí en ese entonces no representaba nada. 

Mi primaria nos hacía llevar gafetes. La cuerda me llegaba casi al centro del pecho, y, entonces, aprovechaba para sostener mi mano en ella, saludando así a la bandera de la forma más indigna posible. No tenía disciplina.

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En realidad, los colores pueden significar lo que uno quiera... 
“Mexicanos al grito de guerra”. Así es como empieza. Cuando se es pequeño las asambleas no tienen sentido. Eran los lunes de perder media hora, o hasta 45 minutos si se trataban de rememorar fechas especiales. 

En las diez estrofas y coros del himno no encontré una sola referencia a la bandera. Ni nopales o águilas devorando serpientes. Nada sobre aztecas. Sólo sangre. La sangre de los héroes que dieron forma a mi modo de vida actual. Somos independientes, estamos libertados. Sin sus muertes no tendríamos nada. Porque el derramar sangre, si tiene un propósito para el bien, puede justificarse. Jamás un maestro diría “¡No cantes el Himno Nacional, te volverás insensible, te volverás un sádico!”. Si hubiera entendido la letra en aquellos días, habría guardado el respeto adecuado al saludar. 

Nos encantan las leyendas. La devoción está plasmada en la bandera. Dice la leyenda que una cultura antigua, los aztecas, vagaron por cientos de años buscando una señal específica para fundar una ciudad, señal indicada por sus dioses. Mi bandera está basada en la leyenda de un grupo de personas que anduvieron por cientos de años buscando a un águila sobre un nopal. Devorando una serpiente. Señal para fundar su ciudad. Cuando escuché esa historia en primaria no pensé en qué hacían los aztecas mientras no encontraban al águila, o por qué a todos les parecía que vagar por cientos de años era algo normal. Hoy creo que no me interesa.

Cuando pienso en México, pienso en esta canción...

Mi escudo nacional está dentro de mi bandera nacional, pero estos dos no están dentro de mi himno nacional, sólo la sangre. Los vampiros y los mexicanos somos más cercanos de lo que se podría pensar.

Los colores de mi bandera nacional son originarios de otra bandera: La bandera del ejército de Las Tres Garantías, y en esa época le dieron razón de ser a sus tres colores: Verde, blanco y rojo. 

Verde por la independencia de España. 
Blanco por la religión Católica y 
Rojo por la unión entre Europeos y Americanos.

Puedo entender que el blanco mundialmente representa pureza, y a su vez tiene sentido que lo asocien con la religión. Pero no llego a entender cómo el verde y el rojo pueden significar Independencia de España y Unión entre Europeos y Americanos. Parece más un capricho.

Luego cambió. Dejamos atrás a Iturbide para llegar con Benito Juárez. Necesitamos nuevos significados. 

Verde, la esperanza [¿QUÉ?]
Blanco ahora es la Unidad y 
Rojo, pues el rojo es sangre, claro, por nuestros héroes nacionales.

Pero la ley no dicta un significado oficial que nos explique el simbolismo de cada color. En realidad pueden ser cualquier cosa. 

Los símbolos patrios de mi país tienen personalidad, tienen razón de ser, tienen carácter. La leyenda de los aztecas es muy bonita, nuestro himno nos da unión y nuestra bandera tiene unos colores muy bonitos también. Desde niño me han enseñado a amar esos símbolos que representan una historia turbia de misticismo y guerras. Si no fuésemos mexicanos, seríamos aztecas ¡Y aún así tendríamos de símbolo a la imponente águila! 

Ya son más de 100 años desde que una gran guerra dejó huella en nuestros corazones y mi patria. Ya no somos tan bélicos. Hemos evolucionado.
      
Pero nos gusta recordar el pasado.