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domingo, 4 de agosto de 2013

Stephen King "Mientras Escribo": Consejos para ser un buen Escritor. Parte 4


(10 a 12)

10.- Tema


Si escribes una novela, si te pasas semanas o meses hilvanándola palabra por palabra, cuando la tengas acabada le deberás algo a ella y a ti mismo: Descansar y preguntarte por qué te has tomado tantas molestias, por qué le has dedicado tanto tiempo y por qué te parecía tan importante.

Escribir un libro es pasarse varios días examinando árboles. Al acabarlo debes retroceder y mirar el bosque.

No es obligatorio que todos los libros rebosen simbolismo, ironía o musicalidad (por algo lo llaman prosa), pero soy de la opción de que todos los libros (al menos los que vale la pena leer) hablan de algo.

Durante la primera versión, o justo después de ella, tu obligación es decidir de qué habla el tuyo.

Durante la segunda (o tercera o cuarta) tienes otra: dejarlo más claro. Quizá te exija cambios o revisiones a gran escala, pero tú y el lector obtendrán el beneficio de una mayor nitidez y una mayor unidad al relato.

Pensamiento Temático, herramienta práctica que incluir en la caja, una especie de lupa.

Yo tengo muchos intereses en la vida, pero pocos lo bastante profundos para alimentar una novela: La cuestión de por qué, si hay Dios, ocurren cosas tan horribles (Apocalipsis, Desesperación, La Milla Verde), la fina línea divisoria entre realidad y fantasía (La Mitad Oscura, Un Saco de Huesos, La invocación), y sobre todo el atractivo irresistible que puede tener la violencia para gente básicamente bondadosa (El Resplandor, La Mitad Oscura).
     Se trata, simplemente, de una serie de intereses surgidos de mi trayectoria vital y mis reflexiones, de mis experiencias infantiles y adultas, de mi desempeño como padre, marido, escritor y amante. Son temas de reflexión para cuando me acuesto y apago la luz, cuando me quedo a solas conmigo mismo y miro la oscuridad con una mano debajo de la almohada.

Te aseguro que tienes tus propios pensamientos, propios intereses e inquietudes, y seguro que han surgido de tus experiencias y aventuras de ser humano como los míos. Los tienes y deberías usarlos en lo que escribes.

Empezar por las cuestiones e inquietudes temáticas es una de las recetas de la mala narrativa. La buena siempre empieza por la historia, y sólo pasa al tema en segundo o tercer lugar.

Una vez que tengas escrito el núcleo de la historia es necesario que te plantees su significado y enriquezcas las versiones sucesivas con tus conclusiones. No hacerlo sería robarle a tu obra (y a tus futuros lectores) la visión del mundo que hace que los relatos que escribes sean tuyos y de nadie más.

11.- Revisiones


No bajes de 2 revisiones, una con la puerta del estudio cerrada y otra con la puerta abierta.

Escribir narrativa puede ser un trabajo difícil y solitario. Es como cruzar el atlántico en bañera. Surgen muchas oportunidades de dudar de uno mismo. Si escribo con rapidez, desgranando la historia tal como acude a mi mente y retrocediendo lo justo para verificar los nombres de los personajes y las partes relevantes de sus antecedentes, consigo 2 cosas: Ser fiel al entusiasmo inicial y superar la duda que siempre está al acecho.

Primera versión: Centrada exclusivamente en la historia y escrita sin la ayuda de Nadie. No le enseñes a nadie tu avance, por ninguna razón.

Escribir a puerta cerrada te obliga a concentrarte en la historia sin pensar en casi nada más. En la primera versión no hay que plantearse si las cosas tienen significado.

Al acabar la primera versión ¡Felicidades! ¡Así se trabaja! Haz lo que tengas por costumbre para celebrar las grandes ocasiones.

Necesitas un periodo de descanso. Tiene que reciclársete el cerebro y la imaginación, al menos en lo tocante a la obra recién terminada. Toma unos días de vacaciones, y después trabaja en otra cosa, con preferencia por algo más corto y que represente un cambio radical de dirección y ritmo respecto al libro que acabas de terminar.

El tiempo de descanso que le concedas al libro depende exclusivamente de ti, pero considero que no debería bajar de 6 semanas.
     Durante ellas, el original descansará o salvo en un cajón de la mesa, criándose como un buen vino (o eso espero). RESISTE LA TENTACIÓN. No hojees ni un capítulo o párrafo. Nada.

Cuando haya llegado el día de la corrección, saca el original del cajón. Si parece una reliquia, si te parece algo rarísimo, es que estás preparado.
     Siéntate con la puerta cerrada, y coge un lápiz y una libreta. Después lee entero el original.

Haz todos los apuntes que te apetezca, pero concentrate en las simples faenas del hogar, como corregir la ortografía la ortografía y encontrar incoherencias. Habrá muchas. El único que lo hace todo bien a la primera es Dios, y el que pase de todo y se lo deje al corrector, ese es un dejado.

La razón de esperar 6 semanas es que al leer sea una experiencia extraña y estimulante. Lo reconocerás pero al mismo tiempo tendrás la sensación de estar leyendo la obra de otra persona, quizá un alama gemela. Así tiene que ser.

Otra ventaja. Te saltarán a la vista las lagunas de la trama o los personajes. No digo charcos, ¿eh?, me refiero a auténticas lagunas.
     Si localizas una te prohíbo terminantemente deprimirte o flagelarte. Todo el mundo la caga alguna vez.
  • Errores relacionados con la motivación de personajes (los más GARRAFALES de King, según él). King se da un golpe en la cabeza, agarra la libreta y escribe: P.91: Sandy Hunter roba 1 dólar de donde guarda Shirley el dinero. ¿Por qué? ¡Si sería incapaz!

En la primera lectura, pensar en la historia y en todo lo relacionado con La Caja de Herramientas.


Me hago la gran pregunta: ¿Es coherente la historia? Y si es, ¿Cómo convertir la coherencia en música?, ¿Qué elementos recurrentes hay? Se enlazan formando un tema? Mi pregunta, en resumen, de qué va el libro, y qué puedo hacer para que queden todavía más claros las preocupaciones de fondo. 

Tu máxima meta es la «resonancia», algo que perdure un poco en la mente (y el corazón) del lector después de haber cerrado el libro.
     Busca maneras de conseguirlo sin darlo todo masticado ni vender tu primogenitura por un argumento con mensaje. Los mensajes, las moralejas, que se las metan por donde les quepan. 

En la segunda redacción añadiré escenas e incidentes que refuercen el sentido. También borra lo que disperse. Esto último seguro que abunda, sobre todo al principio. 

Después de las revisiones, llega la hora de abrir la puerta y enseñar lo que has escrito a 4 o 5 amigos íntimos que hayan demostrado buena disposición. 

Alguien escribió que en le fondo todas las novelas son cartas a una persona. Estoy de acuerdo. Creo que todos los novelistas tienen un lector ideal, y que el escritor, en varios momentos de la redacción de una historia, se pregunta: «Qué pensará cuando lea esta parte?» (La de King es su esposa).

Repartir 6 u 8 copias de un original equivalen a recibir 6 u 8 opiniones muy subjetivas acerca de lo que tiene de bueno y malo. Si todos coinciden en que te ha salido bien, es probable que sea verdad. 

A algunos les parecerá que el personaje A funciona, pero que B no tiene verosimilitud. Si hay otros que opinen que el B es creíble pero el A es muy exagerado, se produce un empate. Lo mejor es quedarse tranquilo y dejarlo todo tal cual (en béisbol, si hay empate gana el corredor; en literatura el escritor.)
     Igual con el final.

A quien hago más caso es a Tabby (su esposa) porque es la persona para quien escribo, a quien intento seducir. 
     Si escribes para una persona en concreto, a parte de para ti mismo, te aconsejo que te fijes mucho en su opinión.

Si tiene sentido lo que oyes, haz los cambios. 

Llamemos Lector Ideal a la persona para quien escribes. El L.I. te ayudará a salir un poco de ti mismo, a leer lo que sale de tu pluma como un lector cualquiera.

Si escribo una escena graciosa, me imagino a Tabby riéndose. La verdad es que casi todos los escritores son inseguros, sobre todo entre la primera y la segunda versión, cuando se abre la puerta del estudio y entra la luz del mundo exterior. 

12.- Ritmo


Es la velocidad con la que progresa la narración.

Las editoriales creen que las novelas rápidas son más exitosas. En mi opinión, deberían dejarse que cada historia se desarrollara a su propio ritmo. 

PERO si reduces demasiado la velocidad, corres el riesgo de poner nervioso hasta al lector más paciente. 

El Lector Ideal es la mejor manera de encontrar el punto medio.
     Procura imaginar si se aubrrirá en tal o cual escena. Si concoes los gustos de tu L.I. , aunque sólo sea la mitad de bien que yo los del mío, no debería costarte mucho.
¿Le parecerá que en tal pasaje hay demasiado diálogo que no aporta nada?
¿Que sólo has explicado a medias una situación o te has excedicdo en describirla, que es uno de mis defectos crónicos? 
¿Que se te ha olvidado atar un cabo importante de la trmaa?
     Deberías tener presente esas preguntas hasta con la puerta cerrada. Y cuando esté abierta (cuando tu L.I haya leído el original) deberías formularlas en voz alta. 

Cuando pienso en el ritmo, suelo acudir a Elmore Leonard, que lo explicó a la perfección diciendo que quitaba las partes aburridas. La frase sugiere recortes para acelerar el ritmo, que es lo que acabamos teniendo que hacer casi todos. 

Fórmula para las revisiones: 
2da Versión=1era Versión -10%

Si la primera versión de una novela tiene 350,000 palabras, me desviviré por redactar una segudna versión de como máximo 315,000, y si es posible de 300,000.

Si no puedes quitar el 10% y conservar lo esencial de la historia y el ambiente, es que no te esfuerzas bastante.

Precedentes, o Historia de Fondo

Es todo lo que ocurre antes del inicio de tu relato, pero que tiene impacto sobre la historia principal. Contribuyen a definir a los personajes y a establecer motivaciones.
     Considero importante introducir los precedentes con la mayor rapidez, pero también es importante hacerlo con cierta elegancia. He aquí la intervención de un personaje:

     —Hola, ex mujer —dijo Tom a Doris, que entraba en la cocina.
El hecho de que Tom y Doris estén divorciados puede ser importante para la historia, pero seguro que hay una manera mejor que la de arriba, que tiene la elegancia de un asesino con hacha. He aquí una propuesta:
     —Hola, Doris —Su voz sonaba natural (o al menos a sus propios oídos), pero los dedos de su mano derecha reptaron hacia donde había tenido su anillo de casado hasta hacia séis meses.

     Sigue sin ser de premio Pulitzer, y es bastante más largo que «hola, exmujer», pero he intentando aclarar que se trata de algo más que de simple rapidez. Y si crees que sólo es cuestión de informar, mejor que renuncies a la narrativa y te busques un trabajo de redactor de manuales de instrucciones. Te está esperando el cubículo de Dilbert.

Dilbert

Técnica in media res (en medio de las cosas).

Antigua y respetable, pero a mi no me gusta. Requiere flashbacks, que me parecen una cosa aburrida y hasta vulgar.
Como lector, me interesa más lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido.

Hoy en día, en cuestión de precedentes, el premio es probable que se lo lleve J.K. Rowling, la autora de las novelas de Harry Potter. No es ninguna tontería leerlas y fijarse en la naturalidad con la que cada libro recapitula los anteriores. (Las novelas de Harry Potter, por otro lado, son pura diversión, pura Historia de cabo a rabo).

El Lector Ideal si puede ser de grandísima ayuda para averiguar si has acertado mucho o poco con los precedentes, y qué añadir o sustraer en la siguiente revisión. 

Un buen Lector Ideal si tiene razón puede llegar a ser cruel.

Sobre la historia de fondo, lo más importante para recordar es que:

a) Historia la tiene todo el mundo.
b) En general no es muy interesante.
     Cíñete a las partes que lo sean y no te dejes llevar por el resto.